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 Revista Misiones Consolata

Edición Revista Julio-Agosto

Crisis Alimentaria

Editorial

Crisis Alimentaria: El desabastecimiento y los altos precios privan a quienes menos tienen…

Nos enfrentamos a una auténtica crisis alimentaria mundial. El desabastecimiento y los altos precios privan a quienes menos tienen de los medios para su sustento. Es decir la comida cuesta más cara, también para los más pobres. El impacto de esta escasez de alimentos llega hasta el primer mundo. La reciente cumbre de Roma organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la Alimentación (FAO), que conto con la presencia de varios jefes de Estado y de Gobierno y líderes mundiales tenía como objetivo abordar la seguridad alimentaria ante la fuerte subida de los precios de alimentos así como los efectos que en ésta tienen el cambio climático y los biocombustibles y tratar de dar respuestas y soluciones.

¿Cuál es la causa de esta situación? No cabe duda de que la crisis del dólar hace subir a todos los precios. Pero también hay causas reales, como la subida de los precios de la energía, que encarece notablemente tanto la producción como el transporte de los alimentos. Otro factor real que contribuye al incremento de los precios es el gran aumento de la demanda asociado a la mejora de centenares de millones de personas en Asia que han escapado de la pobreza gracias a su integración en el mercado mundial. Adherirse al proceso de la globalización de la economía tiene premio en forma de crecimientos acelerados, creación de riqueza y erradicación de la pobreza, con todas sus marcas características. El hambre es la más señalada, y es la que más ha remitido en nuestros países. Pero estas causas no son capaces de explicar adecuadamente la crisis actual. Hay un causante que sobresale por encima de los demás, y ese es el biocombustible.
El problema de retirar la tierra, el capital y el trabajo antes dedicado a producir alimentos para destinarlo a crear combustible es que necesariamente reduce la oferta de comida. Los pobres tienen que competir, para comprar los frutos de la tierra, con unos precios de los combustibles al alza y como consecuencia perdemos la batalla del hambre. “Nuestra hermana la madre tierra es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida.

El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador (DA125)”.
La globalización, la integración de grandes áreas del mundo al mercado, ha producido un círculo virtuoso en el que crecimiento y erradicación de pobreza han ido de la mano. En 1970, según los datos del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, un 37 por ciento de la población de los países subdesarrollados no estaba alimentado adecuadamente. En 1991 ese porcentaje había caído al 20 por ciento y las proyecciones para 2010 apuntaban al 12 por ciento. Ahora habrá que revisarlas por la incidencia de los biocombustibles. En este sentido los obispos nos invitan a todos los creyentes en Jesucristo a “Buscar un modelo de desarrollo alternativo, integral y solidario, basado en una ética que incluya la responsabilidad por una auténtica ecología natural y humana, que se fundamenta en el evangelio de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes, y que supere la lógica utilitarista e individualista, que no somete a criterios éticos los poderes económicos y tecnológicos” (DA 474). En la dimensión teológica, como cristianos estamos llamados a cuidar la creación de Dios.
P. Sisto Karrau, imc

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