Calendario 2017

Calendario 2017.

Misioneros en acción

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¡Preparate para realizar una experiencia de voluntariado misionero más allá de las fronteras!

Animación misionera

Pascua Joven Misionera
Mendoza 2017.
Del 13 al 16 de abril.

Frases de Allamano

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Dice la Palabra que "«allí donde está tu tesoro, está también tu corazón» (Cfr Mt 6, 21) y ser docente en mi vida es poner cada día la mirada y el corazón en lo que hago, en el tesoro que me ha sido confiado. Soy maestra jardinera, maestra de Educación Primaria y Licenciada en Ciencias de la Educación, pero desde que comencé a dar mis pasos en esta profesión solo intento hacer realidad el milagro de la educación con los niños y con sus familias.

Soy una convencida de que amo lo que hago, soy feliz haciéndolo, trabajo de maestra, pero es mi vocación más profunda. Vocación que se plasma como estilo de vida, vocación que sigue desplegándose en los llamados que Dios me va haciendo. Este año a días de empezar el ciclo lectivo, me propusieron ser maestra en la Escuela Rural Nuestra Señora del Valle en el paraje Los Gigantes, perteneciente a la Fundación Manos Abiertas de Córdoba. En ese momento solo me invadió una gran incertidumbre. Irme a trabajar a Los Gigantes implicaba para mí una opción radical y una renuncia a una forma de vivir en la ciudad, renunciar a mi trabajo, a mis actividades y dejar mi casa y mis cosas. Era un desafío, desafío que vengo soñando desde hace unos años, cuando conocí la escuela como voluntaria de la Fundación (2011). Como misionera alguna vez me imaginé trabajando en un lugar donde mi profesión sea más que un trabajo, donde pueda estar de misión permanente. Y sé que el buen Dios se ocupó de prepararme el camino y sobre todo el corazón para que hoy yo sea la seño de Jardín y de 1º ciclo (1º a 3º grado) en la Escuelita de Los Gigantes como todos la conocen y la llaman cariñosamente.

En febrero de este año, renuncié a mi trabajo en el colegio Adoratrices de la ciudad y me puse en marcha hacia la escuelita en medio de las sierras Grandes, al pie del Cerro Los Gigantes en el Departamento Punilla, a 90 km de Córdoba Capital y a unos casi 2000 metros de altura.

Allí vivo y convivo con los 30 alumnos que asisten a la escuela de Nivel Inicial, Primario y Secundario, con dos preceptores de albergue, la Srta. Directora y un encargado de mantenimiento de manera permanente. En la escuela- albergue vivimos de lunes a viernes, como si fuéramos una gran familia, fieles a la misión de la escuela encomendada a Manos Abiertas de "Acompañar y sostener la misión educativa, concientizando en la región la necesidad de formación y educación." La escuela es casa de todos, las familias nos confían sus tesoros más importantes, sus hijos a quienes además de enseñar los contenidos prescriptos los ayudamos a formarse como personas de bien, de manera integral, humanizando y dignificando a todos como comunidad.

La tarea de animación misionera en la escuela es implícita muchas veces, es compartir vida, alegría, crecer, encontrarnos con las familias y con los niños desde su sencillez, desde sus silencios serranos, desde el agradecimiento por la inmensidad que nos rodea y de la grandeza de la presencia del Creador entre nosotros. Trabajando en Los Gigantes redescubro a Dios cada día, cada mañana en el frío y el viento, en el sol que ahí arriba brilla más y en ese muro imponente de piedra maciza que nos acompaña. Con mis alumnos redescubro para qué he sido llamada, me redescubro como misionera, los disfruto, aprendo, me motivo, me canso y mucho, porque al finalizar el día me doy cuenta que no hice otra cosa que estar con los niños y eso cansa… pero llena, porque Dios se hace más Dios en esa mirada agradecida de mis alumnos, en esa caricia, en ese saludo de buenas noches, en la bendición, y hasta en el reto que a veces llega para corregir, para seguir aprendiendo.

A diario me pregunto cuánto tiempo iré a quedarme en la escuela, y Jesús me acerca siempre la misma respuesta: hasta cuando Él quiera y hasta cuando sea útil mi presencia en ese lugar.

No sé de grandes teorías de educación rural, ni de cómo ser madre y criar muchos hijos, valoro tanto la educación recibida de mi familia, que me siento en la tarea de poder replicarla con los niños de la escuela.

Solo sé que Dios es todo lo bueno y él es quien me dirá por dónde, para seguir amando y sirviendo reconociendo que no tengo una misión, sino que soy misión en medio de su pueblo, sabiéndome instrumento y dejando que Él sea en medio nuestro.

Lic. Analía Castillo Sosa

Fuente: OMP Argentina

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