Es propio de nuestro país tener un “día” para todos: el día del maestro, el día del amigo, el día de la secretaria, del periodista, de los bomberos, etc. Aunque en algunos casos estos “días” parecen esconder la mira de un provecho económico, nos gusta pensar que el recordarlos ayuda a valorar las personas y sentirnos más humanos y hermanos. Por otro lado, nos gusta pensar que esta “tradición” no es invento de nuestra sociedad.
En la misma Biblia encontramos muchas referencias a los tiempos y a los días: “Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y otro para cosechar… ¨ (Eccle. 3, 1-8). Antes, en el libro del Génesis (1-2,1) “vemos” a Dios que dedica un día para crear la luz, uno para crear el cielo… hasta el sexto día en que crea al hombre y el séptimo, en el que “descansa” y que, luego, dona a la humanidad como “el día del Señor” (cf. Lev 23,3). Y también: “Éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación” (2Cor. 6,3). “Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer” (Gal 4, 4).
En Navidad celebramos a Dios que se hace Niño. Y lo hace por amor a la humanidad, hecho que va más allá de toda lógica humana. Este es el gran milagro de la Navidad. Dios viene a nuestro mundo por amor.
Lo hizo en la persona de su Hijo hace más de dos mil años y lo sigue haciendo hoy a través de personas que ponen por encima de todo, incluso de sus propias vidas, el bienestar de los demás. La Navidad es también tiempo en que soñamos con un mundo mejor, más fraterno y solidario.
Entonces un tiempo para todo… Un tiempo para pensar, contemplar y celebrar la venida de Jesús en la historia, en la vida de cada hombre, y esperar Su venida definitiva con la lámpara del Amor encendida.
Un tiempo para todo… ¿Qué tiempo es éste para ti? Es una pregunta importante, tal vez inquietante, que toca lo que creemos, lo que vivimos, lo que somos. Una pregunta que nos puede llevar a discernir lo que el Señor nos propone a cada uno, para darnos un nuevo empuje y una nueva fuerza de vida y de esperanza.
Un tiempo para todo… Para nosotros, Misioneros discípulos del Consuelo, es tiempo para dar gracias. Gracias por la presencia constante de nuestra Madre Consolata a lo largo del año, en las distintas actividades y experiencias personales, familiares y eclesiales. ¡Gracias a cada uno de ustedes por habernos acompañado de tantas maneras! Les invitamos a seguir caminando en el surco misionero de la Iglesia, del cual nuestro Instituto desea cada día más ser instrumento fecundo.
Qué la celebración de la Navidad nos ayude, como discípulos misioneros de Jesucristo, el Dios hecho Niño, a empeñarnos en esta tarea de servicio hacia los demás. A todos: ¡Feliz Navidad y Un Prospero Año Nuevo! P. Sisto Karrau, imc



