Revista Misiones Consolata
“La vida es regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural, sin relativismos”. (DA.464). Un nuevo año sacerdotal, un nuevo desafío, como discípulos y misioneros promovemos la cultura y la defensa de la Vida. Que sea un año en el que de una vez por todas, nos esforcemos a optar por la vida.
Esa vida tan amenazada por tantas actitudes de desprecio, por tantas búsquedas egoístas de bienestar, por tantas ideologías que pretenden hacer creer que para ser sociedades modernas y que progresan, debemos conseguir leyes que dictaminen cuándo una vida debe comenzar o terminar. Decía Madre Teresa: “La Vida es bella y debemos cuidarla”. La Vida es don precioso que hemos recibido y que no nos pertenece, y por lo tanto todo lo que no hagamos por defenderla, va en contra de ella.
No optamos por la vida y por su defensa cuando permitimos que nos convenzan con expresiones, ideologías, que en definitiva sólo quieren imponer posturas que no hacen más que seguir favoreciendo que el hombre sea quien haga las cosas a su “antojo”.
No optamos por la vida cuando como sociedad no nos preocupamos en crear las condiciones para que cada uno, desde la infancia, pueda desarrollarse plenamente y vivir lo que corresponde a cada etapa, por lo tanto, cuando un niño tiene que estar en la calle buscando cómo “sobrevivir”, sin poder crecer jugando, sin estudiar como debe, no estamos optando plenamente por la vida.
Como sociedad no optamos por la vida cuando no exigimos que se cumplan las condiciones mínimas para que todos tengan acceso a la salud, y salud es también prevención, no sólo “curar” lo que esté enfermo.
Cuando no acompañamos a nuestros mayores o no creamos las condiciones para que quien tiene alguna capacidad limitada pueda desarrollarse plenamente como toda persona, entonces no estamos optando por la vida.
Como discípulos y misioneros, la opción por la vida debe ser algo en lo que cada uno de nosotros debe estar comprometido y convencido, procurando crear las condiciones para que nosotros y quienes nos rodean encuentren las condiciones mínimas para desarrollar su vida, y también exigir que quienes tienen la responsabilidad del bien común, tengan como prioridad la defensa de la Vida, de toda Vida, desde su comienzo, que es cuando es concebida.
Este calendario misionero es una invitación para que durante este año sacerdotal podamos reflexionar, valorar y optar por la Vida. Que la Virgen de la Consolata nos ayude a amar al Dios de la Vida, promoviendo la cultura de la vida, proclamando la verdad, siendo una Iglesia servidora a favor de los débiles.
P. Sisto Karrau, imc

