Revista Noviembre-Diciembre 2010
Celebrar una vez más la Navidad es recordar que la Buena Nueva es anunciada de generación en generación. Creyendo que el Señor está en medio de nosotros y que Él viene siempre de nuevo dándonos la alegría y esperanza, manifestemos al mismo tiempo una realidad y un deseo de tener un mundo mejor, sin excluir a nadie.
Es Navidad, es Jesús que se hace niño para crecer y caminar junto a nosotros. Es Navidad, y Jesús que algunos años después dirá que “no vino a ser servido sino a servir”, que nos enseña a ser serviciales unos a otros. Dios se hace niño, nos trae la realidad de la Salvación, quiere que todos los hombres lo conozcan y puedan llegar a esa Salvación, y comienza a “habitar” en el “pesebre de nuestro corazón”, así es como lo quiere hacer, no para que nosotros lo escondamos, lo guardemos, sino para que llenos de alegría lo compartamos con los demás, en especial con quienes están solos, con quienes sufren, con quienes tienen la alegría “bloqueada” porque no saben que hay un Dios que los ama, y los ama tanto que se ha “hecho uno de nosotros”. Es Navidad, viene Jesús a nuestras vidas, recibámoslo en lo profundo del corazón, y “explotemos” de alegría para que todos los hombres reciban la Salvación.
Dios se encarna, puede seguir naciendo en nuestro mundo, sólo en la medida en que nosotros estemos dispuestos a hacerlo presente y visible en medio de las situaciones de dolor, de sufrimiento, de injusticia… Eso es posible en la medida en que tú y yo nos hagamos presencia cercana a quien sufre. Una presencia que transmita misericordia, perdón, cariño desinteresado, esperanza hacia el futuro… amor capaz de dar la vida por los demás.
El desafío para nosotros discípulos misioneros no es celebrar la Navidad, sino el ser Navidad para nuestros hermanos. Ser el signo palpable de la presencia de Dios en medio de aquellos que han sido marginados y abandonados por todos. Sólo a través de nosotros la humanidad podrá experimentar la cercanía de un Dios que camina con nosotros en cada rincón del mundo, en toda situación humana. Lo importante es ser Navidad, allí donde Dios resulta invisible.
Navidad es una espiritualidad, un gesto de vivir que evoca la libertad contra toda forma de opresión; la igualdad contra todas las discriminaciones y formas de exclusión; la dignidad contra toda explotación y esclavitud; la fraternidad contra toda la indiferencia; la Paz contra todas las expresiones de violencia; El cuidado con la naturaleza contra toda la actitud de dominación y destrucción. Es precisamente con alegría del espíritu de Navidad de Jesús que alimentamos nuestra esperanza para empezar con confianza el nuevo año. Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo
P. Sisto Karrau, imc

